NO ES OBLIGATORIO
Me resulta inexcusable aclarar desde ahora mismo que al utilizar este
título con el que presenté la primera (22.09.2012) y la segunda (29.09.2012) entregas
del tema, no es para publicar la tercera, si no porque quiero, precisamente,
anunciar mi intención de publicarla en fechas próximas. Cuando conozca el
desenlace.
Verás por qué digo esto.
Si puedes leer estas líneas es porque muy probablemente, ingresaré en un
par de días en el Hospital para ser intervenido del AAA que motiva las entregas
citadas, razón por la que dejaré por algún tiempo (que espero sea tan breve que
no parezca un paréntesis en mi vida) de publicar cositas aquí y, con la pausa,
se retrasará la publicación on line
del ensayo que titulé “Donde nos pone la
vida”; la novela “El vuelo de una
mosca en un diluvio”; la
“guía-manifiesto”* bautizada como “El
domingo empieza el lunes”, y verán ralentizarse las novelas “En la alianza ibérica coronada” (título
provisional) y “EL SEXtO MANDAMIENTO” que escribo casi
simultáneamente y, naturalmente, los articulillos que nutren éste y los otros
blogs para contento de mis incondicionales, enojo de mis detractores y
satisfacción de mi ego.
* De difícil
clasificación, lo reconozco.
Y espero no haber encontrado antes de tiempo mi Teherán, porque, claro está, la responsabilidad es mía
por autorizar una intervención en la que, además…
¡pongo los materiales, el sufrimiento y el riesgo!
Si repasas las entregas citadas de “NO ES OBLIGATORIO” comprobarás por qué recurro
al relato que incluyo a continuación.
Lo recoge el profesor Viktor E. Frankl, psiquiatra y escritor vienés, en la
página 61 de su obra “El Hombre en Busca de Sentido”, universalmente conocida,
y dice así:
“En cierta
ocasión, un persa rico y poderoso
paseaba por el jardín con uno de sus criados, compungido éste porque
acababa de encontrarse con la Muerte quien le había amenazado. Suplicaba a su
amo para que le diera el caballo más veloz y así poder apresurarse y llegar a
Teherán aquella misma tarde. El amo accedió y el sirviente se alejó al galope.
Al regresar a su casa el amo también se encontró a la Muerte y le preguntó: ”¿Por
qué has asustado y aterrorizado a mi criado?”
“Yo no lo he amenazado, sólo mostré mi sorpresa al verle aquí cuando en
mis planes estaba encontrarle esta noche en Teherán.” (sic).
De modo que, ¡hasta luego!