martes, 28 de mayo de 2013

PROSTITUCION


PROSTITUCIÓN

 

 

FRASES (y palabras) QUE NO DICEN LO QUE DICEN

 

El título, como fácilmente podrás comprobar si lees esto hasta el final,  es una excusa para hablar de otra de las  muchas cosas que me exasperan: la utilización inadecuada del lenguaje.  

Si éste solo sirve para comunicarnos, y el desarrollo y la evolución social son los motores para la creación de expresiones que respondan a las demandas viejas o nuevas, lo deseable es que la palabra (y las frases) designe con precisión el objeto, el sentimiento o el sentido de su uso, de modo que todos podamos interpretarla con el mismo valor, sin tener que acudir siquiera, al “es decir”.

¡Vamos!, el equivalente de lo que en Derecho se conoce como “principio de seguridad jurídica”.

Pero -de ahí este articulillo- con algunos ejemplos tomados al azar, veremos que no es así.

 “Estamos en el aire” Se utiliza en los medios de comunicación para decir que el sonido llega a los receptores, no para que se interprete que los que formulan esta frase están volando.

“Lanzar las campanas al vuelo” Ha de  interpretarse que se divulga desaforadamente algo que debería permanecer en el conocimiento de un restringido número de personas, no que se han impulsado las campanas y que describen una trayectoria por el aire.

“Póngase en mi lugar” No se está ordenando que el otro se coloque en el sitio físico que estamos ocupando.

“Se le fue la mano” Se comportó de modo excesivo.

“Lo sabe todo el mundo” El mundo es el planeta en que vivimos y no tiene ninguna capacidad para saber nada.

“Vale (o merece) la pena” Con la frase se pretende decir que se justifica el esfuerzo que hagamos.

Alguien podrá decirme: claro, son metáforas, pero si lo hace que lo piense antes porque creo que se equivoca.

Y podríamos escribir un grueso volumen si continuamos analizando frases que no dicen lo que dicen pero,  en el primer párrafo dije que era una excusa y ya verás por qué.

Porque quiero hablar de la palabra (y el significado que se le da) PROSTITUCION.

El Diccionario de la Real Academia Española dice  que es la "actividad a la que se dedica quien mantiene relaciones sexuales con otras personas, a cambio de dinero", aunque suele considerarse del mismo modo cualquier otro tipo de retribución.

Y no puedo negar la evidencia; cuando leemos “prostitución” sabemos lo que significa pero, aunque diga lo que dice, no debería ser utilizada con tal alcance por su carácter peyorativo.

La palabra prostitución es sinónimo de degeneración y en tal sentido, desde antiguo, las religiones se han encargado de que las sociedades borreguiles hayan venido interpretando que hay un solo sexo: el bueno, el que está orientado a la generación y a la conservación de la especie, y que cualquier otro es el malo.

Por eso, el sexo que se practica por precio (como si hubiera alguno que no tuviera un coste) para ellos es sexo prostituido y las personas que lo brindan, conforme a esta tesis, ejercen la prostitución.

Y en esto no puedo transigir porque, si quienes nos ofrecen un sexo de calidad por el que estamos dispuestos a pagar un determinado precio en dinero o en especie, nos lo proporciona con ese calidad, ese sexo no será prostitución porque no estará prostituido, es decir, degradado.

Prostitución es la que ejercen los fabricantes, comerciantes y manipuladores de alimentos que añaden a los productos sustancias nocivas para la salud.

Prostitución es lo que hacen los promotores y constructores de viviendas que nos ofrecen las mejores calidades y que luego nos entregan unos pisos en los que es imposible que no olamos los pedos de los vecinos más próximos y que no oigamos los de los vecinos más lejanos.

Prostitución es lo que hacen con nosotros unos políticos y unos sindicalistas que dicen estar en la política o en los sindicatos por vocación de servicio y que se valen de los cargos para enriquecerse impúdicamente a nuestra costa.

¿Necesitas que siga hablándote de lo que es prostitución?

¿A que no?

lunes, 20 de mayo de 2013


EN EL PECADO…

 

 

 

Un recuerdo emocionado aquí para mi profesora de la asignatura de Historia del Derecho que me puso en antecedentes del concepto de la “Cultura del Libro” en el que apoyaba la explicación de la convivencia histórica de las tres religiones occidentales  y que focalizaba en la ciudad de Toledo; por orden de aparición: la judía, la cristiana y la musulmana, en cuanto que se nutren de la interpretación de la Biblia en sentido lato, y que nos afectan de alguna manera como veremos.

En la medida en que las religiones son un instrumento más de dominación -¿por qué si no aquello de: “cuius regius illius religius”?- han  utilizado las grandes cuestiones más sensibles para  la persona y ¿cómo no reconocerlo? , entre todas, la más: el sexo.

         Porque el sexo es el motor del mundo; nos afecta a todos. Nadie ocupa su lugar en el mundo si no es por el sexo. ¿Conoces o supiste de alguien, en algún lugar, en algún tiempo, que haya surgido por generación espontánea, es decir, sin que haya intervenido el sexo?

         Ni siquiera quienes defienden la divinidad del para unos profeta y para otros el dios mismo, se han atrevido a prescindir del sexo.

         Podían haber planteado su aparición de mil maneras pero no lo hicieron, nace como tú y como yo de una madre, lo que supone la intervención de un padre. En suma: sexualidad.

         Y el sexo se demoniza para hacernos creer, desde hace  miles de años, que es intrínsecamente malo.

¡Solo se ha de usar para la generación de corderos (en el sentido pastoral del término y en el otro) y con cuenta y razón!

¿Quiénes?

¡¿Qué pregunta?: los demás!

Pero el sexo, que proporciona placer anímico y fisiológico y es mucho más que un mecanismo para prolongar la especie y transmitir genes, es fuente y a la vez refugio de sublimes sentimientos y, en mi opinión, evidentemente, ha de topar con ciertos límites para que la sociedad humana se diferencie en esto de otras sociedades animales.

Pero ha de ser, en primer lugar, la familia y después los educadores sociales, los que deben orientar a los educandos en esta materia alertándoles sobre  las consecuencias de un uso inadecuado del sexo. Y más que un catálogo de encorsetadas  normas, ha de ser la experiencia y con ella el sentido común, quienes formen a los jóvenes.

Han de conocer temprano las consecuencias de las relaciones heterosexuales pero también las de las relaciones incestuosas y homosexuales, y con todas ellas,  los medios para evitar los embarazos no deseados y las contaminaciones por falta o deficiencia higiénica y profiláctica.

Y han de conocer pronta, pero oportunamente, que el sexo es más que la penetración. Y, los educadores, deberán tratar con la naturalidad que le es propia, que la felación, el cunnilingus y el sexo anal son prácticas que requieren una buena higiene pero no son en absoluto sucias ni aberrantes.

Y, desde la educación de base que he recibido, infectada de dogmas, no me atrevo a hacer un pronóstico a futuro porque la premisa está viciada, pero sí hago votos porque la sociedad, cuanto antes,  reaccione también en esta materia y se sacuda de encima a los salva almas que no hacen más que vampirizar a las personas.

Cuando el sexo se vea con la naturalidad deseada dejará de interesar informativa y periodísticamente si un feligrés le hace una felación a un cura o viceversa, pero, entretanto, en el pecado (creado por éllos) llevan la penitencia. 

viernes, 10 de mayo de 2013

BALADA

TAL COMO YO LO VEO
 
 
Percibes el duende del flamenco, en concreto el pellizco del fandango de Huelva; las emociones del tango argentino y el entresijo del fado.
Algún crítico que leí quién sabe cuándo, y otros eruditos, han dicho de él que es un himno. Pero un himno en el sentido cuya opinión evoco, habla de los valores de una colectividad, de una geografía, de un paisaje y también de un clima, y no es el caso.
Recordemos: “Valencia, es la tierra de las flores, de la luz (…)”; “Asturias Patria querida (…)”; “¿Qué din os rumorosos, na costa verdescente? (…)”.
Contribuye a esta especie de inocente confusión, el hecho de que la autora titula el poema “Negra Sombra” que  después repite en sus ajustadas estrofas. Y pienso que la interpretación que se da al doble vocablo desdibuja la clara intención de Rosalía al utilizar la metáfora, para querer ver la niebla, los cielos grises, las brumas, en suma.
Porque Rosalía atribuye a la negra sombra el valor de la imagen  inmanente de la persona amada; no la del pesimismo y el temor a la muerte como interpretan algunos. ¿Cuándo hizo Rosalía semejante manifestación? Empieza diciendo: “Cando penso que te fuches”, es decir: cuando caigo en la cuenta de que ya no estás; “negra sombra que  m’asombras”… La sombra no es policroma ni multicroma es simplemente negra. 
Y vacila cuando ya no está el ser amado ni, en sentido coloquial, queda de él su sombra.
Pero recupera la imagen: “Ó pé dos meus cabezales”: a mi cabeza, “Tornas facéndome mofa”: vuelves -suavizando el reencuentro- con una inocente guasa.
Y justifica su inquietud diciéndole: “Cando maxino que es ida”. Cuando creo que te has ido, “No mesmo sol te me amostras”: te veo en el propio sol; “I eres la estrela que brila”, “I eres o vento que zoa”: eres la brillante estrella y el viento que sopla.
Y se desgarra con contenida elevación: “Si cantan es ti que cantas”, “Si choran es ti que choras”: tu estás en el canto, expresión de la máxima dicha, y en el llanto, manifestación del dolor. “I es o marmurio do río”: se repite tu presencia en el rumor del río,”I es a noite, i es a aurora”: Y eres la noche y eres el amanecer.
Pero va más allá; percibe que la presencia de su amor lo abarca todo: "En todo estás e ti es todo”, “Pra mi i en mi mesma moras”, “Nin me dexarás di nunca”, “Sombra que sempre m’asombras”: Todo eres tú; todo eres para mí y resides en mi ser; ya no te irás jamás de mí, sensación que me emocionas.  
¿Dónde está ese pesimismo y ese temor a la muerte, si excluimos la voluntad del enamorado que se mostrará dispuesto siempre a perder la vida por su amor?
Y Juan Montes Capón capta la sensibilidad de la autora que escribe este poema para ser leído o recitado, y lo musicaliza aportando el complemento sonoro para ser interpretado en susurros o rumores y no con la voz de la folía canaria o de la jota aragonesa, lo que hace que se identifique con la saudade y con la morriña propias de la Galicia eterna pero que trasciende sus fronteras para hacerla universal para otras sensibilidades.
Y, doctores tiene…
Por eso, como estoy seguro de contar con menos probabilidades de cantarte la balada, …te la cuento.

lunes, 6 de mayo de 2013


¡QUEREMOS…!

 

La expresión completa y que figura en todas las pancartas de las manifestaciones que se dan en España (en el resto del mundo también) es: ¡queremos trabajo!

Coloquialmente vale pero, por exigua que resulte la reflexión individual (no parece que sea posible y ni siquiera frecuente la reflexión colectiva), caeremos en la cuenta de que las pancartas reclaman humo, es decir, nada.

Porque el trabajo no existe. El trabajo no es. Al menos el trabajo no es un ente tangible; ni siquiera ideal.

El trabajo es el vector físico o intelectual imprescindible para llevar a cabo una tarea, una función.

Vamos a detenernos brevemente en las acepciones que recoge el Diccionario de la real academia española: “Acción y  efecto de trabajar” y:  “Esfuerzo humano aplicado a la producción de riqueza”. (El resto de los conceptos lo dejo  para la curiosidad del lector, porque me interesa centrar el tema en los aspectos puramente humanos). Y no dice que es un sólido, un líquido o un elemento gaseoso. No dice que tenga forma, peso, tamaño, etc. En resumen no dice que sea una cosa.

Con el nacimiento de la revolución industrial, los ideólogos, los políticos y los sindicalistas, han venido alimentando interesadamente el uso de este slogan porque no encontraron individuos o colectivos que se les opusieran y porque como toda consigna revolucionaria, lo han revestido de la contundencia necesaria como para que pareciera que se trataba de algo palpable, es decir, tangible, alcanzable y apropiable.

¿Y cabría algo más estúpido que querer realizar un esfuerzo cuando lo más racional es pretender lo contrario? ¿No hemos oído hablar de la ley del mínimo esfuerzo?

¿Conoces a alguien que renuncie a la retribución económica de su aportación a una empresa, porque lo que le gusta y lo que le compensa es el esfuerzo, y le sublima llegar al borde de la extenuación?

¿Entonces?

¿Y resulta poco estúpido que, además, demandemos que el esfuerzo nos lo asignen y lo controlen los demás?

Lo que ocurre es que los colectivos que se manifiestan detrás de las pancartas, lo que no quieren es precisamente un esfuerzo, sino un empleo, que es cosa totalmente diferente.

Y la sociedad no es autosuficiente. Yo necesito lo que otros hacen y otros necesitan lo que hago o contribuyo a hacer yo.

Y demandar un empleo es natural y lógico porque todos los individuos no podemos (o no queremos) ser, y menos a la vez, emprendedores y empleadores. Muchísimas personas que estarían más que capacitadas para generar empleos, prefieren trabajar para un empleador sea este una persona física o una persona jurídica. Y es comprensible.

Así, cuando demandamos empleo, lo hacemos (o deberíamos hacerlo) frente a quienes creemos que pueden proporcionárnoslo ya que, lo contrario, alcanzaría cuotas astronómicas de majadería.

Pero demandar un empleo ante un ente abstracto no parece muy racional y, demandarlo dando a entender que lo hacemos frente a la Administración, es tanto como suponer que ésta va a crear las condiciones para emplearnos y facilitarnos los ingresos equivalentes; pero esto ya nos lo enseñó la Historia, tiene un nombre y unos apellidos que rechazamos por totalitarios.

¿O no?

Y queremos un empleo porque conlleva una remuneración, si no ¿de qué?

Pues, dejémonos de zarandajas. Salir detrás de la pancarta por este motivo no es más que bailar al son de la música de los que se benefician de nuestra ingenuidad y que ni ellos nos van a proporcionar el empleo ni estarán nunca en condiciones de forzar a nadie a que nos lo proporcione.

De modo que si pensabas fabricar una pancarta ten en cuenta lo que te digo y piensa que harás un esfuerzo que tampoco encontrará compensación económica. Ah. Pero si lo que te mola es darte un paseo y desgañitarte dando gritos, ¡adelante!