viernes, 10 de mayo de 2013

BALADA

TAL COMO YO LO VEO
 
 
Percibes el duende del flamenco, en concreto el pellizco del fandango de Huelva; las emociones del tango argentino y el entresijo del fado.
Algún crítico que leí quién sabe cuándo, y otros eruditos, han dicho de él que es un himno. Pero un himno en el sentido cuya opinión evoco, habla de los valores de una colectividad, de una geografía, de un paisaje y también de un clima, y no es el caso.
Recordemos: “Valencia, es la tierra de las flores, de la luz (…)”; “Asturias Patria querida (…)”; “¿Qué din os rumorosos, na costa verdescente? (…)”.
Contribuye a esta especie de inocente confusión, el hecho de que la autora titula el poema “Negra Sombra” que  después repite en sus ajustadas estrofas. Y pienso que la interpretación que se da al doble vocablo desdibuja la clara intención de Rosalía al utilizar la metáfora, para querer ver la niebla, los cielos grises, las brumas, en suma.
Porque Rosalía atribuye a la negra sombra el valor de la imagen  inmanente de la persona amada; no la del pesimismo y el temor a la muerte como interpretan algunos. ¿Cuándo hizo Rosalía semejante manifestación? Empieza diciendo: “Cando penso que te fuches”, es decir: cuando caigo en la cuenta de que ya no estás; “negra sombra que  m’asombras”… La sombra no es policroma ni multicroma es simplemente negra. 
Y vacila cuando ya no está el ser amado ni, en sentido coloquial, queda de él su sombra.
Pero recupera la imagen: “Ó pé dos meus cabezales”: a mi cabeza, “Tornas facéndome mofa”: vuelves -suavizando el reencuentro- con una inocente guasa.
Y justifica su inquietud diciéndole: “Cando maxino que es ida”. Cuando creo que te has ido, “No mesmo sol te me amostras”: te veo en el propio sol; “I eres la estrela que brila”, “I eres o vento que zoa”: eres la brillante estrella y el viento que sopla.
Y se desgarra con contenida elevación: “Si cantan es ti que cantas”, “Si choran es ti que choras”: tu estás en el canto, expresión de la máxima dicha, y en el llanto, manifestación del dolor. “I es o marmurio do río”: se repite tu presencia en el rumor del río,”I es a noite, i es a aurora”: Y eres la noche y eres el amanecer.
Pero va más allá; percibe que la presencia de su amor lo abarca todo: "En todo estás e ti es todo”, “Pra mi i en mi mesma moras”, “Nin me dexarás di nunca”, “Sombra que sempre m’asombras”: Todo eres tú; todo eres para mí y resides en mi ser; ya no te irás jamás de mí, sensación que me emocionas.  
¿Dónde está ese pesimismo y ese temor a la muerte, si excluimos la voluntad del enamorado que se mostrará dispuesto siempre a perder la vida por su amor?
Y Juan Montes Capón capta la sensibilidad de la autora que escribe este poema para ser leído o recitado, y lo musicaliza aportando el complemento sonoro para ser interpretado en susurros o rumores y no con la voz de la folía canaria o de la jota aragonesa, lo que hace que se identifique con la saudade y con la morriña propias de la Galicia eterna pero que trasciende sus fronteras para hacerla universal para otras sensibilidades.
Y, doctores tiene…
Por eso, como estoy seguro de contar con menos probabilidades de cantarte la balada, …te la cuento.

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