jueves, 28 de noviembre de 2013



IN MEMORIAM


Como había dicho en el inmediatamente anterior escrito que colgué el día 20 de Junio del presente 2013, cuatro días más tarde, efectivamente, ingresé en el Hospital para ser intervenido de un Aneurisma Aórtico Abdominal (yustarrenal) y, aunque han transcurridos más de cinco meses, no he obtenido el Alta definitiva. Solo Altas parciales que explicaré oportunamente cuando cuelgue la historia del desarrollo de lo acontecido.

Más cerca de lo baladí, si lo comparamos con las causas que motivan estas líneas.

El día 22 de Junio de 2013, mi inolvidable amiga Ana Alas Carpintero insertó un cometario a este artículo-anuncio que dice: “Te seguimos, te queremos, te admiramos y sobre todo te esperamos NO TARDES MANUEL !!!” y, porque primero a través de mi compañera, y luego directamente, ―cuando estuve en condiciones de hacerlo― pude recibir su aliento y su cariño, quiero rendirle ahora un emocionado homenaje en estas líneas que espero perduren en el tiempo.

Y, con el comentario, está el logo de su blog (una vez más recomiendo su visita) que bautizó con el nombre “Abuela PINOCHO”.

Se ha ido. Se la ha llevado un Aneurisma Aórtico que rompe (por la lógicamente imprecisa información que me da su compañero Fernando Miragaya pocas horas después de la desventura) a la altura del cayado aórtico y  que provoca su muerte fulminantemente.

Como ocurre en un elevadísimo porcentaje de casos, los aneurismas son patologías que se conocen por casualidad, que no refieren dolor y que no manifiestan síntomas. Es el caso de mi llorada Ana.

Estaba preocupada por la evolución de mi enfermedad y no podía sospechar que su verdugo sería, precisamente, un aneurisma.

Pero la vida tiene un destino que es la no vida y a mí me queda el consuelo de haberla conocido, tratado y querido y, en lo material, abrazo emocionado un tomo del Código de Comercio que entró en vigor en el año 1886 ―procedente de la biblioteca familiar― y que me regaló cuando, estudiando Derecho, me pasaba al ordenador los trabajos que yo confeccionaba con la Olivetti, para que su presentación fuese más acorde con los tiempos.

Ana, como yo, creía que hay al menos dos vidas, la que consumimos desde el momento del nacimiento hasta la muerte y la que perdura en la memoria de los nuestros.

En mi memoria estará por todo el tiempo que a mí me reste, y con la lógica pena por su ausencia, me reconfortaré con el recuerdo y con las imágenes que este excepcional medio que es Internet nos proporciona para seguir viéndola en su blog.

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