jueves, 3 de julio de 2014

DILEMA

Cuando los eruditos (incluyo a los periodistas) ya han vapuleado el tema hasta los umbrales del hartazgo, considero llegado el momento de  dejar plasmado aquí mi punto de vista sobre el particular, porque está  tra­tado como el culo.
¿Monarquía o República?
Pues… queridos opinantes de buena fe (excluyo a los de mala fe), desde la aprobación en referéndum de la Constitución de 1978, no se puede hablar de Monarquía versus República simplemente porque en España, de facto, y aunque en el artículo 1.3 de la Carta Magna se diga (literal) que: “La forma política del Estado es la Monarquía parlamentaria”, no pasa de ser un simple eufemismo porque, por definición, la Monarquía (resumiendo todo lo resumible) es absolutista o no es Monarquía.
Y, por abreviar, no vamos a perder el tiempo con lo  que pensaron los padres de la Patria, etc. y menos buscando en los textos lo que se dice sobre sobre Monarquías y Repúblicas
Porque los hechos son contundentes y tozudos y nos demuestran que en España, desde la Constitución de 1978, la forma política del Estado es una República cuya jefatura se encomienda a un rey que, aunque proceda de una dinastía históricamente absolutista, inaugura una nueva forma de presencia que trae su causa en el agradecimiento de los franquistas reformistas y de los antifranquistas de diversa índole, por renunciar a ejercer el poder que recibe de Franco y aceptar la jefatura del Estado y de las Fuerzas Armadas, pero sin poderes ejecutivos.
La cuestión fundamental (por lo que aprecio) en que se apoyan los republicanistas para cuestionar el sistema político español es que, el jefe del Estado no es elegido por el pueblo y goza de inmunidad pero, ahí precisamente radica la efectividad del cargo y de la función que no están sometidos a las tensiones y a los intereses de los partidos de los que procedería un Presidente si optara a su elección pública.
Y, hasta aquí, bien.
Y si, con Juan Carlos de Borbón se inaugura una nueva era para la política española  y para la familia del rey, el sucesor en la jefatura del Estado debería ejercer sus funciones con el nombre de Felipe o, si le viene mejor, como Felipe I, porque la sucesión dinástica ya había quedado interrumpida en la persona de su abuelo y, lo dicho: esta es una nueva era.

Si se hiciera así, probablemente supusiera desarmar argumentalmente a muchos pancistas que intentan que nos enfrentemos (nosotros, ellos no) con la monserga de Monarquía o República mientras pasamos ―ellos y nosotros― mirando hacia otro lado para no ver los auténticos problemas no resueltos de la política y de la sociedad.

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