Aunque ya se van apagando lentamente los ecos, estos días,
la palabra más mentada, oral o escrita, es, precisamente, desafección. Se
utiliza para explicar las causas por las que una buena cantidad de españoles
con derecho a voto no han ido a votar.
Realmente carezco de argumentos para rebatir las muchas
afirmaciones que se hacen en este sentido (tampoco está en mi ánimo) y es por
ello que me referiré únicamente a una de las causas por las que esa cantidad de
españoles a la que me refiero, no han ido a votar en las “europeas” y que no
tienen nada que ver con aquello de “Europa nos queda muy lejos” o cosas por el
estilo.
La idea de una Europa unida no resulta para muchos
únicamente poco atractiva (y ni siquiera simpática), porque desde los poderes
públicos (Ayuntamientos, Comunidades Autónomas, Gobierno central, etc., se nos
hace llegar el mensaje ―machaconamente utilizado―de que, cuando lo que hacen no
va a ser acogido entusiásticamente por la gente, LA CULPA ES DE EUROPA.
Y así nos va.
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