Hace 13 años
sábado, 22 de septiembre de 2012
NO ES OBLIGATORIO
NO ES OBLIGATORIO
No es obligatorio. No. No es obligatorio estudiar.
Contrariamente a lo que piensa y dice mucha gente (por rutina o por inercia), no es obligatorio estudiar.
De hecho, quien no estudia no aprueba y eso es todo.
La Constitución Española de 1978 en su artículo 27 dice, que “Todos tienen el derecho a la educación”.
En el punto 2 dice que “La educación tendrá por objeto el pleno desarrollo de la per-sonalidad humana (…).”
En el 4 dice que “La enseñanza básica es obligatoria y gratuita“.
Y, en el 5: “Los poderes públicos garantizan el derecho de todos a la educación (…).”
Veamos lo que dice la Declaración Universal de los Derechos Humanos, al hablar de la educación en el,
Artículo 26
“1. Toda persona tiene derecho a la educación. La educación debe ser gratuita, al me-nos en lo concerniente a la instrucción elemental y fundamental. La instrucción elemental será obligatoria. La instrucción técnica y profesional habrá de ser generalizada; el acceso a los estudios superiores será igual para todos, en función de los méritos respectivos.
2. La educación tendrá por objeto el pleno desarrollo de la personalidad humana y el fortalecimiento del respeto a los derechos humanos y a las libertades fundamentales; favorecerá la comprensión, la tolerancia y la amistad entre todas las naciones y todos los grupos étnicos o religiosos, y promoverá el desarrollo de las actividades de las Naciones Unidas para el mantenimiento de la paz.
3. Los padres tendrán derecho preferente a escoger el tipo de educación que habrá de darse a sus hijos.”
Como vemos la Carta Magna y su hermana mayor la DUDH habla de la educación y no busques que no hay más.
No intentes encontrar en ninguno de estos instrumentos o en cualquier otro una sola línea que diga que estudiar es obligatorio.
Se deduce del propio derecho a la educación, pero estos altísimos documentos se preocupan esencialmente de que el individuo que quiera ser educado pueda exigírselo por sí o por otros a sus padres, a las personas (físicas o jurídicas) que ejerzan su tutoría, y/o a las autoridades que hayan de proveer los medios adecuados para tan alto fin.
En el mismo sentido se expresa el Art. 154 del Código Civil, a cuyo tenor, entre las obligaciones de los padres con respecto a sus hijos menores de edad están las de “1º. Velar por ellos, tenerlos en su compañía, alimentarlos, educarlos y procurarles una formación integral”).
Luego, el que estudia lo hace porque quiere. Y el que quiere estudia las materias que se consideran bagaje mínimo de la educación básica y todo lo que superándolo decida el educando.
Y dicho esto, cuanto más allá vayamos más me afirmo en lo que digo.
No es obligatorio estudiar una carrera. No es obligatorio estudiar una carrera como Medicina. Y no es obligatorio estudiar Medicina y menos aún hacer la especialidad de cirugía vascular. Quienes deciden estudiar Medicina y hacer la especialidad de cirugía vascular LO HACEN PORQUE QUIEREN.
Lo hacen porque quieren contribuir a mejorar la salud pública y salvar vidas. Cuando los estudiantes de Medicina se matriculan en la Facultad correspondiente no están pensando en las riquezas y en los honores, aunque lleguen luego naturalmente. Estas prosaicas “compensaciones” no se encuentran entre las preferencias de los estudiantes mientras lo son y no deberían estar presentes cuando concluyen los estudios.
Si la prioridad es la riqueza y los honores, estarán absolutamente deslegitimados para seguir por esa senda.
La práctica de la Medicina es la actividad más noble que se puede ejercer precisamen-te porque estamos hablando nada menos que de la salud y de la vida y porque el médico con su ciencia ha de intentar burlar durante el mayor tiempo posible el destino final de todos los seres humanos.
No puede anteponer a la salud y a la vida intereses económicos o de otro tipo por muy legítimos que éstos sean.
El juramento hipocrático de la Convención de Ginebra que transcribo a continuación, habla con tanta claridad de la misión del médico que casi arrumba cualquier comentario posterior, salvo que, cuando las autoridades de un país admiten la práctica profesional de un médico, tienen ¿cómo no? muy presente la deontología profesional y este juramento, con este formato o con alguno coincidente.
Dice así:
“En el momento de ser admitido entre los miembros de la profesión médica, me comprometo solemnemente a consagrar mi vida al servicio de la humanidad. Conservaré a mis maestros el respeto y el reconocimiento del que son acreedores. Desempeñaré mi arte con conciencia y dignidad. La salud y la vida del enfermo serán las primeras de mis preocupaciones. Respetaré el secreto de quien haya confiado en mí. Mantendré, en todas las medidas de mi medio, el honor y las nobles tradiciones de la profesión médica. Mis colegas serán mis hermanos. No permitiré que entre mi deber y mi enfermo vengan a interponerse consideraciones de religión, de nacionalidad, de raza, partido o clase. Tendré absoluto respeto por la vida humana. Aún bajo amenazas, no admitiré utilizar mis conocimientos médicos contra las leyes de la humanidad. Hago estas promesas solemnemente, libremente, por mi honor”.
Por lo dicho, el médico no puede anteponer a la salud y a la vida intereses económicos o materiales, por muy legítimos que estos sean en cualquier otra actividad.
Ha de percibir el reconocimiento general por su labor y ha de ser recompensado eco-nómicamente de forma suficiente. Pero, si el reconocimiento y/o la compensación no fueran suficientes o se vieran menoscabados, la prioridad será siempre la salud y la vida.
No se puede consentir que un médico acuda a la huelga o a cualquier otro medio de presión para reivindicar mejoras en las percepciones económicas o en las condiciones laborales y no se puede consentir, asimismo, que disminuya deliberadamente el ritmo de atención a los pacientes, ¡porque no trata con mercancías imperecederas!
Si ante la hipotética abrumadora demanda de pacientes presume que no va a poder atenderlos adecuadamente, TIENE QUE NEGARSE A ACEPTARLOS y deberá derivarlos a otro colega o a otra institución. Lo que no puede hacer es entretenerlo con falsas expectativas mientras su salud se deteriora o corre peligro de empeoramiento.
(Hasta aquí, la primera entrega)
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