Hace 13 años
domingo, 23 de septiembre de 2012
SEPARATISMOS
(Primera entrega)
"5 - Es que el tema del nacionalismo parecía superado y ahora nos encontramos con que está ahí.
Se trata de una de esas coyunturas históricas para las que nadie por ahora vislumbra solución.
Hemos de manejarnos con un puñado de ingredientes irracionales en cantidades imprevisibles.
6 - En el otro, en lo diferente, está el origen del mal. Pareciera que en su raíz la diferencia antes que política, étnica, cultural o religiosa, es simplemente maniquea.
Por debajo de la increíble multivocidad de las expresiones que se utilizan parece subyacer siempre algo oscuro, peligroso, agresivo. Nación, pueblo, país, etc. Utilizados en los más diversos sentidos y cruzados por los más diferentes factores: cultura, lengua, raza, religión.
7 - Siento no poder evitar que mi consideración del nacionalismo y sus aledaños esté cruzada de recelos y desconfianzas. Demasiados hombres han muerto bendecidos por su retórica y no olvidemos la frustración que nos produce el retorno de lo que se creía superado.
Por lo que yo sé nadie había previsto la erupción nacionalista como nadie había previsto el desmoronamiento cuasi fulminante del imperio soviético.
13 – Acaso, para acallar ciertos escrúpulos, haya que avisar contra la confusión del patriotismo con nacionalismo. El patriotismo –de cualquier patria y de cualquier tamaño- puede ser un sentimiento (y subrayo lo de sentimiento) natural de apego al terruño donde uno nace, se cría o vive. Entendiendo terruño tanto en sentido físico como social o cultural, y muy ampliamente.
Es cierto que esto lleva consigo preferencia, pero no necesariamente agresividad frente a lo distinto. Y es de temer que esta sea una de las características esenciales del nacionalismo. Como tal, es una ideología que supone afirmar lo propio frente a lo ajeno.
14 – Claro está, sin embargo, que pese a todas las pretensiones, lo que acaba funcionando son los estereotipos, según la afortunada expresión Walter Lippman, el influyente columnista norteamericano que la acuñó hacia 1922. Estereotipos, es decir, imágenes, simplificaciones de valor colectivo ideológicamente cargadas. De desdén, de recelo, de superioridad, cuando no directamente agresivas. Estereotipos entre aldeas, entre ciudades, entre países, también entre regiones de un mismo país. Así, las posibilidades de mal entendimiento que pueden crearse son ilimitadas. Las peores aberraciones de intención o comportamiento pueden formar estereotipos que colgamos a otros.
21 – Pero (…) el nacionalismo es –no se olvide- por su otra cara, la exaltación de determinados particularismos que, por ser nuestros, son mejores, más “naturales” y, obviamente, preferibles a los de los “otros”.
24 – Otro campo de gran confusión es el de los llamados “hechos diferenciales”, que tanto juego han dado en las pugnas del nacionalismo ibérico.
(…) todas las diferencias, una a una o mezcladas varias de ellas, pueden funcionar en el nacionalismo convenientemente politizadas, es decir, ideologizadas, mitificadas, disfrazadas si es preciso. Y acompañadas de todo un aparato simbólico de signos, consignas, banderas, himnos."
Todo lo recogido (literalmente) hasta aquí, proviene de la lección magistral con la que se abría el curso 1990, impartida por el Catedrático emérito de Ciencia Política de la Universidad Autónoma de Madrid Don Francisco Murillo Ferrol, fallecido el 4 de septiembre de 2004, y a cuyo acto tuve el honor de asistir en mi calidad de estudiante de Derecho.
Lo tituló ”EL NACIONALISMO DEL FIN DEL SIGLO” y, obviamente, en sus 36 páginas, abarca prácticamente todos los aspectos del fenómeno. El número que inserto al principio, corresponde a la página del opúsculo original en el que se encuentra.
Pero, y, permitidme la expresión, los párrafos transcritos sangran de actualidad.
De hecho, la lección magistral viene a ser como una amonestación o, si se quiere, una alarma premonitoria de lo que parece que se nos echa encima. Y no me refiero únicamente a España, porque, si los acontecimientos últimos prosiguen su andadura, detrás vendrán inevitablemente muchos más en el continente europeo, sin descartar que, aquí mismo, puede actuar, además, como desencadenante de una serie de cismas cantonales*. ¿Por qué no?
*Cartagena proclamó el Cantón el 12 de julio de 1873 y constituyó la Junta Revolucionaria en el Ayuntamiento. El principal cabecilla que ostentó el mando de las fuerzas fue Antonete Gálvez, militar progresista de origen humilde y gran líder del Cantón de Cartagena. El Cantón de Cartagena, bien pertrechado gracias a las armas del Arsenal y a la posesión de la Flota, llegó a acuñar moneda propia. A pesar de los terribles bombardeos y devastaciones a que fue sometida durante los seis meses que duró su aventura cantonal, Cartagena fue la última ciudad española en caer en poder de las tropas centralistas, firmando la capitulación el 12 de enero de 1874. Con la monarquía firmemente implantada en España en la figura de Alfonso XII, Cartagena todavía asistiría a una nueva intentona republicana con la sublevación del Castillo de San Julián, que se saldó con la muerte del gobernador de la plaza, Luis Fajardo, y el fracaso de la revolución.
Y, hasta ahora –que yo sepa- el único que parece darse cuenta de la situación es el Rey. ¡Y hay que ver la polvareda que levanta en algunos ámbitos!
Incluso en los que dicen no darse por aludidos.
Pues, que yo sepa, no darse por aludido es pasar absolutamente del tema como pudiera parecer que hacen los que tienen la responsabilidad de conservar España como la tomaron cuando prestaron el juramento o promesa. Entre ellos se encuentra ¿cómo no? el vocero mayor del Condado. Me refiero, claro está, a conservar España como la tomaron.
Si te sirve de algo, yo que carezco de afición al futbol, no soy capaz de darme por enterado de lo que dicen los entrenadores estrella (lo que no significa que no oiga, inevitablemente, algún comentario de pasada para luego no darme por aludido).
Aquellos que pretendan que no darse por aludidos (ahora hablo de los acontecimientos del 11-S en el noroeste de España) es la mejor fórmula para obviar el problema, se equivocan de medio a medio.
No quieren enterarse de que el Estado lo componen las instituciones y que éste, se dota de mecanismos para su transformación. Si a alguno no le gusta, promueva el cambio ya. Medios hay.
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